domingo 22 de noviembre de 2009

Chinyero

“Miré al cielo porque me pareció
como si pasaran muchas palomas revolando...”


Miembros de la excursión.Ocurrió el 18 de noviembre, a la hora de comer (14.30). Los pueblos asentados cerca de los altos de Santiago del Teide se veían venir algo extraordinario, habida cuenta de los temblores de tierra que habían sentido días antes, y por el científico vaticinio que dejaron flotando en el aire las fumarolas que salían de la cumbre. Pero nadie hubiese adivinado que el espectáculo fuera a ser tan increíble y, afortunadamente, tan poco agresivo.



El volcan Chinyero explotó esa tarde de principios de siglo en una erupción estromboliana de carácter moderado. Si bien los científicos vieron pronto que el fenómeno no era destructivo (el cráter estaba muy alto y las coladas de lava se abrieron camino en forma de S, remolonas, sin querer destrozar todos los campos), los 5.000 vecinos de villas como Icod salieron de sus casas corriendo entre “ayes y gritos lastimeros”, cuenta Navarro Neuman en una de sus crónicas. “Invisibles catapultas lanzaban peñascos enormes”. Negros durante el día y rojos por la noche.

Este brutal desfogue del interior de la Tierra constituye una de las erupciones mejor documentadas de Canarias. Hoy día, contamos con  relatos y fotografías que obtuvieron los testigos presenciales, estudios científicos, crónicas periodísticas, etc. Durante mucho tiempo, al Chinyero se le apodó el  Volcán del Decreto, porque su bramido coincidió con la ley que dividió administrativamente a Canarias en dos provincias.

A todo suceso extraordinario le sigue un rosario de rumores y actos poco fundamentados. En el caso de esta cumbre tinerfeña, resulta particularmente hilarante un episodio: el que cuenta cómo se extendió el direte de que el Marqués de San Andrés, un hacendado de la zona, iba a construir un dique para impedir que la lava anegase cualquiera de sus campos. El resto de los campesinos pensó que de levantarse esa barrera, la lava terminaría por coger otro camino y fastidiaría a los demás. Así que hubo conatos de armarse con azadones y aperos de labranza puntiagudos para poner los puntos sobre las íes al Marqués.

El próximo  24 de octubre, una exposición comisariada por Joaquín Aguilera Klink y Ana María García Pérez, profesores de Geografía e Historia, conmemorará el centenario de esta erupción recordando la excursión escolar que el entonces Instituto General y Técnico de Canarias (hoy Cabrera Pinto) realizó a lugar de los hechos. La muestra, además, intenta “promover la excursión escolar y el montañismo en los institutos”, como método de observación directa de los fenómenos de la naturaleza.

En este estudio de campo de 1909 participaron 100 personas, entre profesores y alumnos. Siguieron, con  precaución y buena convivencia, el proceso eruptivo del volcán. Un total de 9 días de campamento a lo largo de los cuales se tomaron notas y fotografías, y se enviaron palomas mensajeras para avisar del riesgo.

La muestra también recoge algunos estudios sobre el volcán, referidos al difícil  regreso de  la vida sobre unas coladas estériles, al entorno arqueológico del Chinyero, y a la prevención del riesgo volcánico.




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2 se interesan por Canarias:

Tawaki dijo...

Así da gusto, con volcanes tan civilizados y cuidadosos como este no hay problema en asistir al espectáculo. Sácame entradas para el próximo.

Besos.

Ejco dijo...

No se yo eso de asistir Tawaki, no creo que sea un espectáculo tan agradable jeje.

Besos